Tecnologías Inteligentes Colaborativas (TIC), por Santiago Castellà

Las durante tanto tiempo denominadas NUEVAS Tecnologías de la Información y la Comunicación han dejado hace tiempo se ser nuevas para pasar a ser de una cotidianidad imprescindible para el funcionamiento de casi todos nuestros entornos laborales, de ocio y personales. Pero sin embargo, las siglas TIC se resisten a morir definitivamente, recobrando una nueva vida como Tecnologías Inteligentes Colaborativas. Convendrá pues preguntarnos que es lo que hace a una tecnología inteligente; y que significa que sea colaborativa. Y finalmente aplicar a ambos conceptos la propiedad transitiva para ver si lo inteligente debe ser necesariamente colaborativo, o lo colaborativo puede ser un plus añadido a la inteligencia que lo caracteriza pero no lo determina.

Abordemos pues la primera cuestión: ¿que hace a una tecnología inteligente? Seguramente coincidiremos todos en dos rasgos característicos. En primer lugar la capacidad para obtener datos de la función que realiza, generando un Big Data, donde los datos de su actividad puedan responder a preguntas diversas pero al tiempo permitan mezclarse con otros datos aumentando exponencialmente su capacidad para dar respuestas acertadas y reales a cuestiones o situaciones complejas. Y en segunda lugar, su capacidad para interlocutar directamente, sin mediación humana, con otras tecnologías inteligentes en el marco del llamado internet de las cosas, respondiendo directamente a los cambios que sugieren los datos que se producen on line.

Y, posteriormente  nos preguntamos ¿qué hace que una tecnología pueda calificarse como colaborativa? Pues su capacidad de aprendizaje sobre su propia experiencia. Explicado de otra manera: en la medida en que los múltiples usuarios de la tecnología van dejando los resultados de su experiencia, esta tecnología puede aconsejar o puede directamente actuar de la manera más eficaz o más eficiente que aprenda. Y cuanto más datos, cuanto más usuarios, y cuantas más experiencias diversas, mayor aprendizaje, más y mejores respuestas a las viejas cuestiones planteadas.

Así expuesto, no todas las tecnologías inteligentes deberán ser colaborativas, pero, creo que podremos coincidir que a mayor colaboración o participación de usuarios en posiciones diversas, mayor aprendizaje y mayor inteligencia. La ciudad, el espacio urbano, deviene casi como el escenario de un cambio de tendencias -quizás incluso un cambio de valores- donde junto con la información precisa y inmediata para tomar decisiones más acertadas tendremos una ciudadanía consciente que su colaboración es determinante para que todo funciones mejor. Y sin duda, estamos ante un inicio de nuevas formas de gobernanza basadas en la participación directa, la colaboración y la autogestión de intereses comunes que cambiarán determinadamente el ejercicio de la democracia local.

 

 

Santiago Castellà, director de la Cátedra Tarragona Smart Mediterranean City de la URV