Impresoras que obran milagros de ida y vuelta

Aleix reconoce que cuando le hablaron de impresión en 3D y vio todas las piezas de la impresora que tendría que montar con sus propias manos sintió miedo, pero cuando comenzó a ver que funcionaba «fue muy emocionante ver cómo cogía cuerpo». Aleix es uno de los alumnos del Aula Oberta del Institut de Sant Pere i Sant Pau que está participando en el Projecte Hèlix. El equipo lo completan Mireia, Zahyra, Alexander, Brian, Oriol, Pablo, Naroa, Lais, Óscar, Miguel y Jesús. Les encontramos concentradísimos montando, pieza por pieza, las impresoras con las que fabricarán una serie de herramientas que facilitarán la vida de personas con parálisis cerebral de La Muntanyeta. Lo primero que han diseñado y van a fabricar tiene nombre, es un vaso para Xavi, un usuario que no tiene suficiente fuerza en las manos para sostener un vaso normal y los líquidos se derraman. Pero no será su único ‘cliente’ que tendrán; también tienen el reto de desarrollar un brazalete para que un usuario al que le encanta pintar pueda coger el pincel, o una pieza para una especie de juego de la petanca adaptado que es el sueño de otro.

Para desarrollar todo este trabajo que deberán tener listo en ocho semanas están recibiendo entrenamiento de Petits Enginyers, expertos en formación tecnológica para niños y adolescentes. Pero ¿cómo terminaron estos chicos en el Centre Cívic de Sant

Pere i Sant Pau involucrados en esta idea? Sorprendentemente la respuesta, explica Jordi Collado, director del proyecto y responsable del área social de la Cooperativa Combinats, comenzó con unos vasos; los que sobraron de las fiestas, sobre todo los de Sant Magí, que se quedaron ‘fríos’ tras los atentados de Barcelona.

Buscando qué hacer con aquellos 200 kilos de vasos reutilizables se les ocurrió una forma distinta de reciclarlos: convertirlos en filamentos para imprimir en 3D. Aquella «provocación» fue acogida e impulsada por la Fundación Smart City y el Institut Municipal d’Eduació. A partir de allí comenzaron a sumarse actores, como la Diputació, que aporta 10.000 euros, o la Xarxa de Centres Cívics de la ciudad, cuyo coordinador, Amat Callen, se involucró en el momento.

 

Dejar las etiquetas de lado

De momento, la solución técnica para reciclar los vasos se está investigando, pero ya está claro que económicamente puede ser rentable. Mientras un kilo de estos vasos cuesta un euro, un kilo de filamentos vale 53.

Mientras, los 12 adolescentes que forman parte del proyecto ya están participando de su propio pequeño milagro. El Aula Oberta está formada por un grupo pequeño de alumnos que por distintos motivos no han podido obtener la ESO y siguen un currículum y metodología de trabajo diferentes. Son carne de abandono escolar y

están acostumbrados a las etiquetas negativas. Eso sí, cuentan que ahora otros compañeros les tienen envidia por el proyecto.

Además, por el camino, apunta Francesc Roca, concejal de educación del Ayuntamiento de Tarragona (y antes director de instituto), con esta experiencia están adquiriendo competencias muy importantes para la vida laboral, como el trabajo por proyectos y en equipos, «y a la vez generan un impacto social muy grande».

Y también tienen oportunidad de pensar en su futuro de otra manera, descubriendo, por ejemplo, otras profesiones y oficios, como cuando visitaron La Muntanyeta y se interesaron por la labor de quienes allí trabajan. Montse Fortuny, directora del IMET, destaca además la importancia de tener como referentes a los Petits Enginyers, jóvenes como ellos que han conseguido acabar sus estudios y trabajar en lo que les gusta. Todo el proceso se da, además, en el propio barrio y con el Centro Cívico como dinamizador. En el de Sant Pere i Sant Pau, justamente, el Ayuntamiento y la Fundación Smart están reconvirtiendo el telecentro en un CVIXlab donde se hará formación en temas como robótica, impresión 3D y edición de vídeo, entre otros.

Al final, todos los diseños que se generen con el proyecto serán en código abierto, es decir, podrán ser utilizados, que no comercializados, por otros colectivos que los necesiten. «Esto es auténticamente smart», concluye Collado.